El año 2025 marcó un punto de inflexión para los mercados emergentes, con entradas masivas de capital que superaron las expectativas globales.
Por primera vez desde 2017, estos mercados han superado a las acciones estadounidenses, abriendo una ventana de oportunidad sin precedentes.
Factores clave como el debilitamiento del dólar y la moderación de la inflación están alineando los astros para un 2026 prometedor.
Este repunte no es un simple rebote, sino el inicio de un nuevo ciclo de inversión que desafía las barreras tradicionales.
Invertir en mercados emergentes ahora significa aprovechar valoraciones atractivas y tendencias estructurales que prometen rendimientos robustos.
Los flujos de capital hacia los mercados emergentes en 2025 fueron los mejores desde 2009, con aproximadamente US$31,000 millones en ETF de acciones.
Para 2026, proyecciones de firmas como JPMorgan anticipan hasta US$50,000 millones en fondos de deuda emergente.
La renta variable emergente ofrece un descuento del 40% en PER comparado con EE.UU., presentando valuaciones históricamente bajas que atraen a inversores.
La reducción de brechas en rendimientos de bonos y el auge de la IA son catalizadores adicionales para este crecimiento.
La debilidad del dólar, con una caída prevista del 5% adicional, impulsa aún más esta dinámica.
India lidera con un crecimiento del PIB del 7,8%, apoyado por estímulos fiscales y un sólido mercado interno.
Corea del Sur y Taiwán dominan en tecnología, especialmente en chips de IA, posicionándose como líderes globales.
China, aunque con riesgos deflacionarios, mantiene un sector tecnológico central que podría estabilizarse.
América Latina destaca por sus recursos minerales clave para la transición energética, como cobre y litio.
Cuatro países—China, India, Taiwán y Corea—representan el 80% del índice MSCI EM, concentrando el potencial.
La diversificación geográfica es clave para minimizar riesgos y maximizar oportunidades en este contexto.
En renta variable, el descuento en valoraciones y el liderazgo en IA ofrecen oportunidades de crecimiento significativo.
Sectores como tecnología, finanzas e industriales presentan balances sólidos y beneficios estables.
La renta fija emergente, especialmente la deuda local, muestra los mejores rendimientos desde 2009.
Bancos como JPMorgan y Morgan Stanley recomiendan sobreponderar deuda emergente en 2026.
La diversificación hacia activos como infraestructuras críticas y ciberseguridad añade resistencia a la cartera.
La explosión de la IA y la transición energética son motores de crecimiento a largo plazo.
Factores positivos incluyen la debilidad del dólar, la prudencia de la Fed y la caída del petróleo.
La reducción de deuda e inflación en emergentes crea un entorno más estable para inversiones.
La independencia de flujos extranjeros y la sobreponderación futura son tendencias estructurales a considerar.
La fragmentación financiera global podría reducir la dependencia del dólar, beneficiando a los emergentes.
La gestión activa y la diversificación son estrategias esenciales para navegar estos factores.
Los principales riesgos incluyen un posible rebote del dólar y la deflación persistente en China.
La geopolítica y los aranceles añaden capas de volatilidad que requieren monitoreo constante.
Expertos como Schroders recomiendan una gestión activa para aprovechar inflexiones.
La diversificación no solo geográfica sino también por activos ayuda a mitigar estos riesgos.
Firmas como Pictet AM ven a los emergentes como el mercado favorito, alineando todos los factores.
2026 presenta una oportunidad única para sobreponderar mercados emergentes en carteras globales.
Con flujos de capital sin precedentes y valoraciones atractivas, el momento de actuar es ahora.
La combinación de tecnología, recursos naturales y reformas económicas impulsará el crecimiento.
Invertir con una estrategia diversificada y enfocada en tendencias estructurales puede generar rendimientos robustos.
Este no es solo un repunte temporal, sino el inicio de un nuevo régimen de inversión.
Los mercados emergentes están rompiendo barreras, ofreciendo un camino hacia la diversificación y el crecimiento.
Aprovechar esta ventana puede transformar carteras y abrir puertas a futuras oportunidades globales.
Referencias