Los mercados financieros globales atraviesan oleadas de incertidumbre, y en medio de esa turbulencia, los bonos del Tesoro de Estados Unidos han demostrado una resiliencia relativa en crisis que merece un análisis profundo. Desde el estallido de la burbuja puntocom hasta las tensiones recientes de 2025, estos activos han combinado liquidez con atractivo como refugio seguro.
En las últimas dos décadas, los bonos del Tesoro han fungido como un verdadero flight-to-quality ante episodios de estrés global. La relación con el índice de volatilidad VIX revela movimientos antagónicos: cuando el miedo sube, los rendimientos de estos bonos tienden a bajar, reflejando compras masivas por parte de inversores en busca de protección.
La correlación negativa robusta con VIX promedió -0,262 entre 2000 y 2024, alcanzando mínimos de -0,614 durante la burbuja tecnológica y manteniéndose sólida en la pandemia de 2020 y en otros picos de volatilidad. Esto subraya la capacidad de estos valores de absorber flujos en momentos críticos.
En el primer trimestre de 2025, bajo la presidencia de Donald Trump, se observó un comportamiento atípico: episodios temporales de correlaciones positivas con el VIX afectaron los rendimientos de los bonos del Tesoro, transformándolos en activos con perfil de riesgo momentáneo.
El test de Chow confirmó que no hubo un cambio estructural definitivo, sino más bien una desviación pasajera. En comparación, el dólar (DXY) mostró un deterioro más persistente, evidenciando la fortaleza relativa de los bonos frente a la erosión de la moneda.
El análisis comparativo destaca diferencias clave entre los bonos del Tesoro y otros refugios tradicionales. Mientras los Bund alemanes e, incluso, la deuda española ganaron protagonismo en ciertos momentos, los Tesoros estadounidenses retuvieron su posición dominante a pesar de desafíos fiscales.
Estos activos alternativos amplían las opciones de diversificación, pero los inversores siguen valorando el tamaño y la liquidez de los Tesoros, que representan casi el 70% de los inventarios de dealers primarios a nivel mundial.
Varios elementos sustentan la fortaleza de los bonos del Tesoro en entornos adversos. Entre ellos, destacan:
Mirando hacia delante, surgen desafíos que podrían afectar la senda de estos instrumentos. La erosión incipiente de confianza en la institucionalidad estadounidense, empujada por políticas fiscales expansivas, podría incentivar la búsqueda de refugios alternativos en Europa o mercados emergentes.
Sin embargo, la normalización de balances tanto de la Reserva Federal como del BCE, junto con propuestas de emisiones de eurobonos y bonos verdes, ofrecen rutas para reforzar la estabilidad del sistema. La diversificación, tanto geográfica como por tipo de activo, se perfila como la mejor estrategia para inversores ante un entorno de inflación moderada y crecimiento global desacelerado.
En definitiva, los bonos del Tesoro de EEUU han demostrado una capacidad notable para adaptarse y recuperarse de episodios de estrés financiero. Su combinación de alta liquidez, apoyo de bancos centrales y profundo mercado los convierte en un pilar para cualquier cartera orientada a la preservación de capital en tiempos de incertidumbre.
Referencias